La enfermera sintió un vuelco en el corazón al ver a Alessandro tan quebrantado, con los ojos vidriosos y el rostro contraído por la angustia. A simple vista se notaba que aquel hombre, temido por muchos, estaba perdidamente enamorado de su esposa.
—La señora Farreti se encuentra bien —afirmó con suavidad.
Alessandro la miró con incredulidad, como si sus oídos lo engañaran.
—¿Está segura? —preguntó, la voz apenas un murmullo.
—Completamente. Como puede ver, el bebé está sano, y ella está en muy