Al poco rato, el médico entró en la sala de parto. La enfermera le informó de la situación con un gesto preocupado.
—Señora Farreti —dijo el doctor acercándose—. Me han dicho que quiere hablar conmigo y que no desea que su esposo esté presente en el parto, como dicta el protocolo del hospital.
—No… no quiero. Por favor, tiene que ayudarme —Natalia lo interrumpió, agarrándole la mano con desesperación, sus dedos fríos y sudorosos—. No quiero ver a ese hombre. Me ha tenido casi secuestrada todo e