El estruendo del derrumbe reverberó en las entrañas de Kythira con la fuerza de un cataclismo bíblico. Bajo el impacto de las cargas de demolición de la cala este, la pista de aterrizaje de tierra y mármol se partió en dos, hundiéndose hacia la garganta del abismo en un alud de escombros y fuego sordo. Los helicópteros de la Interpol, atrapados en la succión del colapso, se inclinaron como juguetes rotos, sus aspas golpeando las rocas antes de desaparecer en el sudario de humo blanco y agua sal