La Primera Guardia

Ruda estaba sentado en el borde de la fuente del jardín, aparentemente distraído con un camión de juguete. Sin embargo, en su mano derecha apretaba el pequeño receptor que Adalmo le había configurado esa misma mañana. Los sensores perimetrales habían detectado una vibración inusual cerca de la valla norte: no era un enemigo armado, sino un infiltrado solitario, un rastreador enviado para probar las defensas del "gigante".

Desde el centro de mando, Adalmo observaba la pantalla.

—El objetivo
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