Habían pasado semanas siguiendo sombras, pero fue la nueva conexión de Elena con la gente del barrio lo que dio la clave. Una de las madres de la escuela mencionó un movimiento extraño en un almacén abandonado en los límites del sector norte, un lugar que no aparecía en los mapas oficiales de Adalmo.
—Lo tengo —dijo Adalmo, su voz resonando en el búnker con una vibración de triunfo—. El almacén tiene un inhibidor de señal, por eso mis satélites no lo captaban. Pero el niño... Elena, el niño es