Cuando la reunión terminó, Caelum corrió hacia Ruda y se abrazó a sus piernas. La furia en el rostro del joven desapareció al instante, reemplazada por una ternura que solo reservaba para ella y para Elena. Se agachó y la cargó con la misma facilidad con la que Varkas lo hacía años atrás.
—¿Por qué estabas enojado, Ruda? —preguntó la niña, tocando la cicatriz que él tenía cerca de la ceja.
—No estaba enojado, pequeña —mintió él, dándole un beso en la frente—. Solo me aseguraba de que todos su