El descenso a la Corte de las Sombras esta vez no fue a través del Camino de las Sombras, sino por medios más convencionales, aunque igualmente sobrenaturales: un convoy de vehículos blindados con vidrios polarizados que absorbían la luz, conduciendo a través de túneles excavados en la roca viva que parecían no tener fin. El silencio dentro del vehículo que compartía con mi madre era más elocuente que cualquier conversación. Ella me miraba, sus ojos llenos de preguntas que yo no podía, no podía