Stefan
La tenía. Joder, la tenía justo donde quería. Morgan estaba hecha un desastre por mí, su cuerpo aún temblando por mis caricias, sus labios hinchados por mis besos y su mirada... esa mirada de puro deseo que me había vuelto loco.
La interrupción de Nikolai había sido como un balde de agua fría, un recordatorio brutal de que el mundo no se detiene aunque yo quiera quedarme ahí, consumiendo cada maldito gemido que Morgan tenga para ofrecerme.
Mis manos aún ardían con el recuerdo de su piel