Stefan
—Si vuelvo a verte cerca de otro hombre, Morgan —gruñí contra su boca, con la voz tan baja y ronca que parecía surgir de algún rincón oscuro de mi ser—, lo mataré delante de ti, y sabes que lo digo completamente enserio. Porque me perteneces. Y si tengo que recordártelo una y otra vez, lo haré.
—¿Ah, sí? —espetó, aunque su respiración seguía descontrolada y sus pupilas dilatadas por el deseo—. Pues que te quede claro, Stefan. Nunca voy a ser tuya.
—Dímelo todas las veces que quieras, pre