Stefan
—Ya me lo dijiste, una y otra vez. Y tú sigues aquí, discutiendo conmigo en lugar de largarte. ¿Por qué será? —Levanté una ceja, disfrutando del modo en que se retorcía bajo mi mirada.
—Porque tú me trajiste aquí a la fuerza, imbécil. —se burló con veneno en su voz, aunque sabía que había algo más en esa furia que tanto quería mostrar. Algo que se escondía bajo la superficie, como un deseo maldito que ninguno de los dos quería reconocer.
—¿De verdad? Porque podrías haberte escapado en el