La mañana de la primera ecografía oficial amaneció con un cielo de plomo sobre Londres, un espejo perfecto del estado de ánimo que reinaba en Blackthorn Manor.
Layla se vistió con cuidado, eligiendo un vestido holgado de lana gris y botas planas. Se miró al espejo, tocando su vientre todavía plano. Físicamente, nada había cambiado, excepto por las náuseas matutinas y el cansancio que se le metía en los huesos. Pero emocionalmente, sentía que llevaba el peso del mundo en su útero.
Bajó las escal