El portazo con el que Dante salió de la habitación no solo cerró una puerta de madera maciza; pareció succionar todo el oxígeno de la estancia, dejando a Layla en un vacío asfixiante.
Se quedó en el suelo del baño durante lo que parecieron horas, con las manos protegiendo instintivamente su vientre plano, escuchando el silencio. No hubo gritos. No hubo objetos rotos en el piso de abajo. Solo un silencio absoluto y aterrador que se filtraba por las paredes de Blackthorn Manor.
Finalmente, el son