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—Por ti, sí.

Ella vaciló, sus labios temblando como si quisiera negarlo, pero no pudo.

 —Tengo miedo. No solo de Kaelith. Temo de mí misma… de lo que podría llegar a hacer.

—No eres Kaelith, Seraphine —replicó Alaric con suavidad, tomando su rostro entre las manos—. Eres el fuego que puede consumir esa oscuridad. Pero incluso el fuego necesita a alguien que lo cuide para que no se extinga.

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