Marcelo
Los días siguientes fueron un calvario de dolor y vacío. Me costaba hasta respirar. No lograba concentrarme en mi nueva compañía ni cumplir con mis responsabilidades, pero, por suerte, Edward no se apartaba de mi lado. Se encargaba de todo sin decir nada, dándome espacio, cubriéndome la espalda mientras yo me hundía.
Mi salud mental pendía de un hilo. Mi corazón, destrozado. No tenía fuerzas ni para fingir estar bien. Me refugié en el alcohol, en la oscuridad del despacho, acompañado so