Marcelo
Me desplomé de rodillas frente al altar, con el alma hecha trizas. Sentía cómo mi corazón se fragmentaba lentamente, como si cada latido fuera un golpe más que lo agrietaba. Las lágrimas comenzaron a brotar sin control, cayendo por mi rostro como si se hubiese roto una represa dentro de mí. Era claro: Valeria no iba a aparecer. Pero lo más devastador no era su ausencia, sino el motivo que la explicaba.
Con manos temblorosas, vacié el contenido del sobre. Eran varias fotografías. Valeri