Marcelo
Una sombra estaba al final del ático. El corazón se me quería salir del pecho, y una lágrima solitaria rodó por mi mejilla al darme cuenta de que ese pequeño bulto tirado en el suelo frío era mi Valeria.
Me acerqué a ella con pasos temblorosos, como si todo a mi alrededor fuera una pesadilla distorsionada. Quise morir cuando la toqué. No estaba fría, como se suponía… aún estaba tibia. El alma se me paralizó cuando acerqué mi rostro al suyo y sentí, apenas, ese suspiro de vida. Respirab