Marcelo
Mi madre seguía apuntándome como si fuera su peor enemigo. Su mirada estaba cargada de odio y rencor, y eso me hería profundamente.
—Madre, perdóname si alguna vez te hice daño. Te juro que nunca fue mi intención —le dije con la esperanza de calmarla,0020pero su furia era tan intensa que mis palabras parecían no tener ningún efecto.
—¡No me mientas, Marcelo! Eres un idiota. Mi reputación está por los suelos por tu culpa. Solo has sabido involucrarte con mujeres inútiles que no valen na