No abusé. Un vestido, un perfume que me recordó a jazmín, un libro de poesía. Pero lo mejor de todo fue caminar a su lado, sentir su mano firme sobre la mía, y esa forma tan natural en que me hacía sentir segura, incluso entre vitrinas de precios ridículos y luces que brillaban más de lo necesario.
Más tarde, comimos helado sentados frente a una cascada gigante dentro del centro comercial. Sonaba surrealista, pero así fue.
—No sabes lo que me gusta verte así —dijo de repente.
—¿Así cómo? ¿Con e