La desesperación se apoderó de mi cuerpo al ver esto. Salí corriendo rápidamente mientras veía las cenizas de mi difunta hija estar desperdigadas por toda la sala.
—Mi amor, ya mami, está aquí —comencé a llorar y secaba las lágrimas con el dorso de mi mano —. Te prometo que recogeré hasta el último gramo de tus cenizas.
Con desesperación comencé a meter las cenizas directamente en la urna donde estaban, ya que la bolsa en donde las conservaba había sido abierta por un cuchillo. No entendía cómo