Abracé a Maryam, ella comenzó a sollozar en mi pecho. Los quejidos de mamá llegaron a mis oídos y supe que debía ser demasiado dolor para que ella estuviera quejándose.
—Tengo que llamar a papá, no es algo que me apetece. Pero él necesita saber el estado de mamá.
—Sí —Maryam se separó de mí y secó sus lágrimas —pero, por favor, no quiero que vengas a pelear con él como siempre hacen. En serio que no es momento para que vengan con sus pleitos de perro y gato.
—Lo sé y prometo que no voy a pelear