El chófer llegó agitado, y en el momento en que miró a Zayd herido, se apresuró a levantarlo. Yo le ayudé a cargar con el peso y lo llevamos al coche.
—Por favor, resiste, cariño —mi mano acarició la mejilla sudada de Zayd —. Ya vamos al hospital.
El carro arrancó y cuando llegamos al hospital, miré que se trataba de uno de los más caros de Dubai. Ni siquiera mi abuelo podría permitirse algo tan costoso.
Pensaba decir que fuéramos a un hospital más económico, pero Zayd se encontraba en mal esta