Cuando acabó la ducha que ambos se dieron, el vapor aún colgaba en el aire, un telón suave y cálido que parecía extender el momento íntimo que Egor y Nerea acababan de disfrutar.
Las duchas con él solían ser largas y perversas, pero no esa. Aquella no fue con esa intención.
Con movimientos deliberados y cuidadosos, Egor ayudaba a secar la piel de Nerea, cada toque de la toalla sobre su cuerpo un susurro de caricias que anticipaban lo que estaba por venir.
Lo que se avecinaba…
Sobre la cama, dis