Egor salió del baño con una toalla pequeña en su mano, secaba su cabello, iba desnudo, con la enorme erección ansiosa por acción.
En la cama, Nerea esperaba desnuda, tal como él le pidió minutos antes.
Miraba la marca en su mano y estar sobre la cama con el Pakhan en la habitación le hacía sentir que nunca saldría de allí.
Una vez que él comenzaba a follarla parecía no tener límites, no poder detenerse, como si fuera una adicción, una y otra vez. Le aterraba mucho que esa habilidad fuera sobreh