A MERCED DEL DINERO. C251: Ahora puedes ver mi verdadera cara.
Cuando Richard volvió a casa, lo primero que notó fue el silencio. Un silencio absoluto, que se colaba por las paredes y se instalaba en el ambiente como una presencia más. Cerró la puerta con suavidad, como si temiera perturbar la quietud, y se detuvo un momento en el recibidor, dejando que sus ojos recorrieran la sala vacía.
Había algo inquietante en esa calma. El espacio, normalmente ocupado por ruidos, voces o movimiento, ahora le parecía más amplio, más solo. Con un suspiro cansado, se afl