A las nueve en punto, Richard se presentó frente a la habitación de Marfil. Tocó con suavidad y esperó apenas unos segundos antes de que la puerta se abriera. Cuando ella apareció en el umbral, Richard se quedó inmóvil.
Marfil estaba deslumbrante. Llevaba un vestido elegante, pero no excesivamente formal. Tenía un aire sofisticado, pero también natural, como si no hubiera hecho mucho esfuerzo y aun así hubiera conseguido esa imagen perfecta. Su cabello suelto enmarcaba su rostro con delicadeza,