La silueta de aquél hombre sentado en la silla frente a él, generaba una gran carga de impotencia en Fabio. Por primera vez en mucho tiempo sentía miedo. No tanto por él, sino por su hijo.
—¿Vas a hablar? —preguntó con un acento soviético muy marcado.
—Ya te he dicho que no sé qué esperas de mí. Hacía muchos años que no tenía una relación cercana con mi padre. Lo que sea que estás buscando, nunca me lo confío.
Recibió una fuerte patada en el pecho. Aún sentado en la silla, llegaba sin dificu