El amanecer de un nuevo día se colaba por las cortinas, pero Sam no lo recibió con el mismo entusiasmo de siempre. El sueño había sido un lujo que no pudo permitirse, su mente había sido una prisión de pensamientos recurrentes sobre la conversación de la noche anterior. Las palabras de Fabio, esa mezcla de celos, rabia y desconfianza resonaban en su cabeza, dejándole un eco de angustia. Se sentía cansada, no solo físicamente, sino emocionalmente, como si cada paso que daba la alejara más de la