No habían transcurrido diez minutos desde que Isabella tomó el taxi y abandonara el lugar, cuando Ignacio llegó en su coche, bajó del auto y entró al hospital. A pesar de ser el dueño de la clínica y ser el socio mayoritario, lo cual le permitía gozar de ciertos privilegios dentro y fuera del recinto hospitalario, esta vez prefirió ir a verla a la hora de visita evitando así, despertar sospechas en Isabella.
No deseaba que supiera que él era el benefactor.
Estaba tan ansioso por ver, que cuando tocó la puerta y entró a la habitación de Fabián, el desconcierto que sintió al ver que su lugar estaba de ella estaba su hermana, se reflejó en su rostro de forma clara y evidente.
—Hola, Antonella ¿Cómo estás? —saludó en tono amable. Miró a todos lados viendo si sus pertenencias estaban en el sillón. — ¿Isabella dónde está? —preguntó sin más.
—Mi hermana acaba de irse a casa. Si hubiera llegado cinco minutos antes, la habría encontrado —respondió con suavidad la pelinegra—. Isabella n