Minutos después, Isabella salió de la habitación. Ignacio la esperaba de pie en la sala, junto al sofá, con las manos en los bolsillos. Cuando ella regresó, le ofreció asiento con un gesto amable.
—Siéntese, por favor —dijo ella.— Disculpa por hacerle esperar —dijo ella.
—No te preocupes —respondió él con voz suave—. En realidad solo pasé a ver cómo estabas.
Ignacio tomo asiento en el sofá de dos puestos y ella se sentó frente a él.
—Me comentaron que el niño tuvo un pequeño inconveniente