La mañana siguiente, Leticia llegó para hacerse cargo del tratamiento y cuidado de Fabián, mientras Isabella se ocupaba de arreglar la habitación y dejar todo preparado para el viaje que harían el día siguiente.
Mientras tendía la cama, su móvil empezó a sonar. Lo tomó de prisa. La voz de su hermana al otro lado la hizo reaccionar.
—¿Por qué no me avisaste que habías llegado?
—Lo siento Isa, llegué exhausta y me ocupé en arreglar un poco el apartamento.
El tono de su voz sonaba nasalizado. Algo que su hermana percibió con rapidez.
—¿Te sientes bien?
—Creo que me va a dar un poco de gripe. —contestó. Luego se sacudió la nariz.
Había llorado toda la noche recordando el incómodo momento que vivió con su ex cuñado. La forma libidinosa en la que le hablaba, sus acusaciones sobre querer coquetearla, el roce de su barba incipiente en su rostro y en el cuello y sus manos, sus asquerosas manos tocando su intimidad.
—Tienes que cuidarte, Anto.
—Sí, ya me preparé un te.
Repent