Luciano se levantó lentamente de la cama y sacó del bolsillo de su chaqueta deportiva, el móvil que no paraba de vibrar. Tenía varias notificaciones de mensajes, casi todos eran de Margaret. Los miró desde la pestaña de su celular.
“¿Dónde estás?”
“¿Dónde te metiste?”
“Si has ido a ver a esa zorra, te juro que me la vas a pagar”.
Luciano apretó la mandíbula. Sabía de lo que Margaret era capaz con tal de mantenerlo a su lado. No era la primera vez que lo manipulaba ni amenazaba con quitarle