Isabella dejó todo preparado la noche anterior para aquel viaje. La idea de ver a Ignacio le generaba ansiedad pero también necesidad. No había vuelto a verlo desde la mañana en que se despidió de ella para regresar a Madrid.
Antes de que sonara la alarma de su celular, despertó. Comenzó a vestirse y a arreglarse lo más que pudo. Quería verse bien, parecerle algo más atractiva. Cuando salió de la habitación para despertar a Fabián, ya el pequeño estaba sentado en la cama y Leticia, lo tenía casi listo.
—¡Mi amor! Ya despertaste —dijo Isabella acercándose a su pequeño.
El niño asintió enérgicamente.
—Buenos días señora Isabella —saludó la enfermera—. Yo creo que Fabián no durmió anoche pendiente de ese viaje. —dijo con una sonrisa en los labios.
—Es que quiero ir con mi tía a comer helados. —intervino el pequeño cruzando sus brazos a la altura de su pecho.
Isabella rió al mismo tiempo que Leticia.
—Entonces, vamos para que desayunes algo antes de salir —dijo tomando la m