—Señora Ferri, el paciente fue trasladado a la habitación 113. —Le informó la enfermera.— Pero sólo puede estar una persona con él y debería ser usted —agregó.
Antonella se encogió de hombros.
—No te preocupes, Isa. —dijo mientras colocaba la mano sobre su hombro.— Yo iré a casa y mañana temprano vendré a ver a Fabián y a traerte algo de ropa para que puedas cambiarte.
—Gracias Anto. —Acarició con sus dedos, la mano de su hermana.
—Cuídate y dale besos a Fabi de mi parte. —dijo y se despidió de su hermana con un beso en la mejilla.
Isabella le brindó apenas, una sonrisa leve. El cansancio se notaba en su rostro y en las marcadas ojeras que no conseguía disimular. Luego, se dirigió en la silla de ruedas hacia la habitación de su hijo. Por suerte, a Fabián le habían asignado un cuarto en el área de pediatría, por lo que ella no tendría que subir ni bajar escaleras para estar con él.
Empujó la puerta con la mano y entró a la habitación. De forma sigilosa y sin hacer ruido, se a