Ignacio condujo hasta la mansión algo pensativo. Necesitaba tener a mano una buena excusa para Valeria. No era un simple capricho de su parte, no decirle la verdad de dónde había estado todo el día, ni haciendo qué. Conocía perfectamente el temperamento de su esposa y sus inesperadas “crisis emocionales” cuando algo no salía como ella esperaba.
Bajó de su coche, y se dirigió a la entrada principal, colocó la clave en el tablero y la puerta se abrió. La casa estaba oscura, apenas la luz del pa