Una rara sensación

—¿Me dejas abrazar a mi hermana?

Ignacio escuchó la voz detrás de él. Volvió el rostro hacia ésta y se apartó lentamente de Isabella.

—Claro.

Dio un par de pasos atrás para luego estrechar la mano del médico.

—Gracias, doctor.

—Sólo hice mi trabajo, señor Montenegro.

Isabella se separó de su hermana para acercándose al cirujano.

—Doctor Violi, no tengo palabras para agradecerle todo lo que ha hecho durante estos cuatro años por Fabián y por mí.

—Isabella sabe que desde que vi a Fabián siendo tan pequeño y teniendo que pasar por algo tan difícil a su edad, me interesé por su caso de inmediato. —dijo sosteniéndole la mano entre las suyas.— ¡No se imagina lo bien que me siento de saber que Fabián finalmente podrá jugar como el resto de los niños de su edad.

—Así es. Todo gracias a Dios y a usted.

—También al benefactor que se hizo cargo de los gastos —dijo el médico dirigiendo la mirada hacia Ignacio.

—¿Puedo ver a mi hijo?

—En este momento es imposible, Isabella
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