Ignacio conducía a toda velocidad, tocaba el claxon una y otra vez con urgencia. Algunos coches le cedían el paso, otros simplemente parecían ignorar su urgencia. Su teléfono sonaba una y otra vez con insistencia, sumándole mayor tensión a aquel angustiante momento. Mas, a él sólo le importaba llegar a tiempo. No iba a permitir que se repitiera la misma historia que con su padre, cuatro años atrás…
—Voy a divorciarme de Valeria, ya no soporto esta mentira de matrimonio. —espetó Ignacio.
—¿Te has vuelto loco, Ignacio? Si te divorcias, todo lo que tienes y que has logrado tendrás que dárselo a esa mujer.
—¡No me importa el dinero, papá! No la amo. Valeria sólo se ocupa en su carrera de modelo, en verse bien. —El tono de su voz reflejaba algo más que rabia, era frustración e impotencia—. Ni siquiera ha querido darme un hijo.
—No puedes hacer eso, Ignacio. La situación de la empresa… —dijo tratando de levantarse de su asiento; sentía una fuerte presión en el brazo izquierdo—. Está muy