—Puedes soltarte —murmuró él.
Isabela retiró las manos despacio, rozando ligeramente con la punta de sus dedos su nuca. En ese instante, la risa dulce de Fabián llegó desde dentro del apartamento. Ese mágico sonido la envolvió y la trajo de vuelta a la realidad; su hijo era siempre su único centró.
Ella apoyó su hombro en la pared y abrió su cartera para buscar las llaves, movió de un lado las cosas que llevaba dentro, pero, no las halló. Ante la mirada escrutadora de Ignacio, la pelicastaña