Ignacio apenas alcanzó a rozar los labios de Isabella con los suyos, cuando el teléfono vibró en su bolsillo. Se quedó paralizado un segundo, sin deseo de atender aquella inesperada llamada. Sin embargo, recordó su promesa de volver pronto al restaurante. Suspiró y se apartó lo justo para sacar el móvil. Al ver el nombre dd Valeria en la pantalla, confirmó su sospecha.
—Discúlpame —murmuró, evitando verla a los ojos—. Tengo que atender.
Ignacio se levantó de la mesa y se alejó unos pasos, buscando un rincón del cafetín donde pudiera hablar sin ser escuchado.
Ella lo miró desconcertada. No era necesario que él le dijera la verdad para saber lo que estaba sucediendo. Ya había pasado por situaciones similares mientras estuvo casada con Germán. Cada vez que su móvil sonaba, él se levantaba para alejarse de ella y hablar con tranquilidad con alguna de sus amantes. Sólo que en ese momento, ella no estaba en el otro lado como ahora. Sabía perfectamente lo que era ser y sentirse engañada