Luciano bajó del coche cuando vio a Antonella saliendo de la clínica con el niño en brazos. De forma inesperada, sintió una ternura especial por él. Aunque nunca lo había visto, y lo poco que sabía de Fabián lo había escuchado de labios de la pelinegra, algo en el niño, lo cautivó de inmediato.
Antonella lo ayudó a bajar, sosteniéndolo hasta que estuvo firme en el suelo. Después entrelazó su mano con la de él y caminó en silencio hacia el lujoso automóvil.
—Luciano —dijo—. Él es Fabián.
El