Antonella entró a la habitación con pasos lentos.
—Acércate —Le ordenó, mientras dejaba sobre la cómoda su copa de vino.
Ella, apenas podía mantener el control de su respiración, sus manos seguían temblando. Se estremeció por completo cuando la puerta se cerró abruptamente detrás de ella.
Aquel desconocido no parecía un cliente común. Llevaba un reloj caro, una camisa perfectamente planchada y una mirada penetrante que la intimidó al instante.
—Así que tú eres la chica del escenario —dij