Un amor capaz de todo...
Antonella entró al apartamento. Dejó la maleta de ruedas a un lado y comenzó a arreglar un poco las cosas que había dejado tiradas antes de irse al interior. Luciano llegaría en cualquier momento, y nada le hacía tanta ilusión como aquel encuentro.
Necesitaba verlo, hablar con él. Que le aclarara todo lo que había pasado con su esposa, pero sobre todo que la hiciera sentir mujer.
El timbre sonó en ese preciso instante. Ella miró su reflejo en la puerta de vidrio de uno de los estantes, se arregló un poco y abrió la puerta con una sonrisa en los labios.
Sin embargo, la sonrisa se desdibujó de inmediato, cuando en lugar de recibir a Luciano, su cuñado Germán entró sin siquiera pedirle permiso.
—¿Qué haces aquí, Germán? ¿A qué has venido? —preguntó en tono hostil.
—Vine porque quiero ver a mi hijo.
Antonella frunció el entrecejo.
—¿Cómo puedes ser tan cínico? Dejaste a mi hermana cuando Fabián nació y ahora te apareces como si nada hubiese sucedido.
—Todos tenemos derecho