—Bienvenida, hermana, tengo listos los informes que me has pedido. — dijo Julio entrando en la habitación de su prima con un legajo en las manos.
Halia ya lo esperaba.
—Bien, no tengo ganas de leer nada ahora mismo, así que dime que has descubierto de esa Adara Ángelus. — demandó la caprichosa mujer.
Mirando el vestido que estaba sobre la cama, Julio miró con extrañeza a su casi hermana, pero no dijo nada al respecto; sabía que cuando algo se metía en la cabeza de Halia, sería una misión imposi