Nerea sabía muy bien lo que estaba presenciado, pero admitirlo era algo muy diferente.
—¿Te hiciste otro tatuaje? —soltó ella con desdén.
La marca de Gianna y Darragh estaba justo por debajo de un tatuaje del lobo; pero a simple viste se notaba que no se trataba de tinta sobre la piel, sino de algo más.
—Sabes que no es eso, madre.
Leonard salió de detrás del escritorio, se acercó a su hijo y contempló la marca. Conocía las leyendas, los cuentos que se contaban de generación en generación a los