Gianna frotó su pecho, justo por arriba de su corazón, y notó que la peculiar mancha no se iba. Aplicó más jabón, usó de nuevo la esponja y no, la mancha se negaba a quitarse.
Entonces se preguntó, ¿con qué pudo mancharse? Y, además, debía ser algo que produjera la forma de una luna menguante con una estrella en el medio y rodeado por un círculo que parecía resplandecer sobre su piel.
Ella frunció el entrecejo. Era una mancha muy peculiar para que fuera accidental, era más como un tatuaje o una