Gianna despertó en un remolino de confusión. El frío del suelo metálico de la camioneta se sentía áspero contra su mejilla mientras las vibraciones del vehículo resonaban en sus oídos.
Intentó mover el cuerpo, pero estaba agotada, sus músculos parecían de plomo. Optó por quedarse inmóvil, su mente luchando por desentrañar qué había sucedido.
Y entonces lo recordó.
Esos ojos azules idénticos a los suyos, llenos de una intensidad aterradora.
«Fue ella todo el tiempo», pensó Gianna, mientras un at