Gianna llevó la taza de té hasta sus labios, disfrutando de cómo el calor de la bebida se deslizaba suavemente por su garganta. Envuelta en una cómoda chamarra que le brindaba una cálida protección, se sentía tranquila, aunque no hacía tanto frío como en otras épocas del año.
Era verano en Chicago, y la brisa que soplaba desde el lago cercano añadía un leve frescor al ambiente. El vasto espejo de agua se extendía frente a ella.
Gianna estaba en el balcón de una de las mansiones de los Ashbourne