Mora salió del baño como si el aire dentro de casa fuera tóxico. Sus manos temblaban, el teléfono aún ardía en su palma, y sus ojos se llenaban de lágrimas contenidas, luchando por no romperse.
Su corazón latía con fuerza, golpeando contra su pecho con una mezcla de miedo, frustración y rabia.
Intentó llamar a Darrel. Una vez. Dos veces. Tres. Cada vez que la llamada era desviada, la desesperación crecía como una tormenta en su interior. Mientras tanto, Tina seguía enviando mensajes y fotografía