El doctor ingresó a la habitación con una carpeta en mano y una sonrisa tranquila en su rostro, lo que de inmediato llenó el ambiente de un leve alivio. Bernardo, recostado en la cama, apenas podía contener su ansiedad. Cecilia, sentada junto a él, sostuvo su mano con fuerza, rezando en silencio.
—Bueno, Bernardo, tengo buenas noticias —anunció el doctor con tono sereno, mientras revisaba las notas—. La operación fue todo un éxito.
Los ojos de Bernardo se iluminaron.
—¿De verdad? ¿Ya estoy bien?