—¡¿Cómo está mi hijo?! —exclamó Cecilia, desesperada, sintiendo que su pecho iba a estallar por la incertidumbre.
El médico, un hombre sereno, pero cansado, dejó que pasaran unos segundos antes de responder, como si quisiera asegurarse de transmitir la noticia de la manera más clara posible.
—¡La operación fue exitosa!
Por un momento, Cecilia se quedó inmóvil, incapaz de procesar las palabras. Luego, una sonrisa se dibujó en su rostro, amplia y radiante, como si el sol hubiera regresado después