Mora titubeó, sintiendo que las palabras se atoraban en su garganta mientras bajaba la mirada, incapaz de sostener la intensidad en los ojos de Darrel.
El peso de la culpa se apoderó de ella, una mezcla de vergüenza y desconfianza que la oprimía como una cadena invisible.
Darrel, sin decir nada, tomó su mano con suavidad, pero firmeza, llevándola hacia su auto.
El trayecto a casa se sumió en un silencio que parecía más un campo de batalla que un respiro. Ninguno habló; el eco de sus propios pens